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domingo, 16 de septiembre de 2012
Poema 4
CEREMONIA SOLITARIA ALREDEDOR DE UN TINTERO
Todo el mundo huye de mi corazón
Porque parece un cocodrilo. Todo el mundo dice
Que no soy un hombre sino un árbol derribado. Nadie sabe
Que entre mis ojos de niño y mi pecho cansado
Hay solamente musgo, llanto, flores indecibles,
Versos que parecen de oro puro
Y no son sino fragmentos de una estrella de papel.
No es culpa mía si estoy hecho de cristales amargos,
De irremediable ceniza y líquidos ardientes
Que se disputan mi ternura y sin cesar empujan
Dolorosas poleas, émbolos y ruedas escarlata.
Soy solamente un puñado de tierra que tropieza,
Un insolente juguete de cabellos negros
Y dientes amarillos. No es culpa mía
Si no parezco de carne y hueso, si bajo mi sombrero
Y mi pantalón gastado palpita un cielo puro,
Si todo el mundo dice que no amo a la gente
Porque me pongo una corbata y observo el firmamento,
O porque estoy hecho de sustancias aciagas,
De sonrientes materias que sollozan y sollozan
Y sollozantes materias que sonríen y sonríen.
Soy solamente un animal que escribe y se enamora,
Un laberinto de células y ácidos azules,
Una torre de palabras que nunca llega al cielo
Porque no toca ni se apoya en los luceros,
Sino en mi pobre corazón siempre en tinieblas,
Siempre en el fondo de un tintero,
Como si fuera un cocodrilo.
Jorge Eduardo Eielson
domingo, 8 de julio de 2012
Poema 3
Ahora estás allá sentado con los lentes puestos
con los temibles dedos largos debajo del mentón
no sé qué esperas
Yo, aquí, tratando de no pararme e ir corriendo hacia tu
cuerpo y abrazarlo
para no levantarme, para no darte besos por los lados que
pueda
Estás allá y siempre
no sé
siempre tu lengua atascada, tus ojos que dicen lo que no
dices,
antes pensaba que nosotros estábamos en esto para siempre
porque así lo habían fijado las manos precisas del destino
pero ahora pienso que todo puede ser un frágil castillo de
barajas
y que solo espera un soplo de cualquiera de los dos para
levantar su lúgubre himno de victoria
y a nosotros solo nos quedaría mirarnos debajo del
derrumbe.
Solo nos quedaría: hubiera sido hermoso, hubiéramos podido
intentar ser alguna vez...
y por encima del tapete estrechar nuestras manos como dos
buenos amigos.
Y no sé, yo siempre había deseado tener un largo y
tormentoso amor
que recuerde cuando vieja
pero a estas alturas creo que nada de eso existe y si existió
nadie me lo puso en el camino
quizá lo único que quede sea darnos la mano
y olvidarnos para siempre de las sábanas, del olor, de los
mordiscos
olvidarnos por fin de todo de una buena vez,
a mí me dejarás una marca en el hombro
y esta extraña sensación de desamor
de que alguna vez hubiéramos
y siempre las ganas de desnudarnos y tocarnos debajo de las
sábanas
y siempre el olor de las tostadas, del jazmín, las aceitunas
te quiero a pesar de tus malditas maneras de mirarme por
encima de la mesa
pero ahora me da rabia que estés allá como ignorando la
batalla que yo lucho
¿realmente existe el amor? – le pregunto
y él solo pone su casaca en la percha, alista la cama, repasa el
ambiente.
En: Ese oficio no me gusta. Rocío Silva Santisteban. Lima: Ediciones Copé, 1987.
con los temibles dedos largos debajo del mentón
no sé qué esperas
Yo, aquí, tratando de no pararme e ir corriendo hacia tu
cuerpo y abrazarlo
para no levantarme, para no darte besos por los lados que
pueda
Estás allá y siempre
no sé
siempre tu lengua atascada, tus ojos que dicen lo que no
dices,
antes pensaba que nosotros estábamos en esto para siempre
porque así lo habían fijado las manos precisas del destino
pero ahora pienso que todo puede ser un frágil castillo de
barajas
y que solo espera un soplo de cualquiera de los dos para
levantar su lúgubre himno de victoria
y a nosotros solo nos quedaría mirarnos debajo del
derrumbe.
Solo nos quedaría: hubiera sido hermoso, hubiéramos podido
intentar ser alguna vez...
y por encima del tapete estrechar nuestras manos como dos
buenos amigos.
Y no sé, yo siempre había deseado tener un largo y
tormentoso amor
que recuerde cuando vieja
pero a estas alturas creo que nada de eso existe y si existió
nadie me lo puso en el camino
quizá lo único que quede sea darnos la mano
y olvidarnos para siempre de las sábanas, del olor, de los
mordiscos
olvidarnos por fin de todo de una buena vez,
a mí me dejarás una marca en el hombro
y esta extraña sensación de desamor
de que alguna vez hubiéramos
y siempre las ganas de desnudarnos y tocarnos debajo de las
sábanas
y siempre el olor de las tostadas, del jazmín, las aceitunas
te quiero a pesar de tus malditas maneras de mirarme por
encima de la mesa
pero ahora me da rabia que estés allá como ignorando la
batalla que yo lucho
¿realmente existe el amor? – le pregunto
y él solo pone su casaca en la percha, alista la cama, repasa el
ambiente.
En: Ese oficio no me gusta. Rocío Silva Santisteban. Lima: Ediciones Copé, 1987.
martes, 19 de junio de 2012
POEMA 2
Los dejo con un poema de Alejandra Pizarnik
CENIZAS
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras para poder sentarnos
y sonreír.
Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar
el sermón del agua
el sermón del amor.
Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases con alas.
Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa
para las miradas y sus terribles
caminos.
Yo ahora estoy sola
—como la avara delirante
sobre su montaña de oro—
arrojando palabras hacia el cielo,
pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.
lunes, 28 de mayo de 2012
POEMA 1
Los dejo con un poema de Jorge Eduardo Eielson
Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo
Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan
De "Ceremonia solitaria" Roma, 1964
Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo
Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan
De "Ceremonia solitaria" Roma, 1964
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