jueves, 27 de enero de 2011

Celeste cuéntame un cuento

- ¿Qué hacia tu mamá contigo cuando eras pequeña?

- Me dejaba con la nana mientras ella se divorciaba de mi papá.

- Oh ¡qué linda!

- Ehmm si bueno, que te puedo decir G.

- ¿Celeste?

- ¿Qué?

- ¿Tú qué hacías Celeste/Azul?

- Mi mamá me daba un libro así me distraía y no la molestaba. Con ella tenía todo el tiempo para dedicarse a la familia que realmente quería, pero bueno al menos siempre me dio buenos libros.

- Veo que son bien lindas sus madres.

- G, en serio deja de decir madres, esa palabra me desespera.

- Lo siento Leonor.

- Bueno ¿Y tú qué hacías con tu mamá para entretenerte o socializar?

- Mi mamá siempre me contaba cuentos.

- Ya no te los cuenta, porque creciste?

- No, porque mi mamá murió hace 3 años.

- Oh! Lo siento. Disculpa por la pregunta

- No te preocupes Celeste, no me molesta que me pregunten por ella.

- Si ya bueno todo muy sentimental pero cuéntanos algo de lo que ella te contaba.

- Ella tenía un libro de cuentos ¿Leonor acaso a ti no te contaba cuentos?

- No, pero me daban pastillas. La que sí cuenta cuentos es Celeste.

- ¿En verdad?

- Sí, pero no te pienso contar ni un solo cuento.

G creo que en el fondo no estaba en tantos conflictos mentales como a veces pensaba, es más creo que es el más cuerdo de todo el salón. A pesar del desastre que lleva en la cabeza como su cabello y la falta de respuesta ante las molestas palabras del resto del salón, G resultó siendo más normal que todos nosotros junto con su frase escudo “Los que han sido perdedores en el colegio son exitosos en la vida”. Creo que se refería a sus indiscutibles buenas notas a pesar de sus grandes distracciones, pero incluso bajo esa circunstancia era poco probable poder asegurar que por su falta de popularidad en el colegio le iría mejor en el resto de su vida.

G era extremadamente delgado, realmente se le veía incluso débil, tenía el cabello corto y usaba lentes de contacto para no tapar sus ojeras. No importaba si dormía bien, mucho o poco, no era una cuestión de cansancio, siempre tenía grandes ojeras lo que le daba una imagen un poco más misteriosa de lo que debía ser. A veces se le veía incluso un poco muerto y regularmente era como si el color pálido de su piel hiciera que se viera más cansado. G se sentaba al lado de Celeste y Leonor, eran las únicas que lo ignorábamos o no lo molestábamos (de acuerdo al ánimo del día o de la cantidad de preguntas que hiciera ese día). Al principio a Leonor le daba miedo porque decía que parecía como si estuviera muerto, aunque de ahí le comenzó a hablar gracias a “su gran estilo para vestir” según L. Según Celeste su voz en las mañanas podía llegar a ser un poco perturbadora, su risa era un karma en mi nuca pero el volumen de su Ipod era perfecto para su mal humor de las primeras horas de clase, sobre todo porque ya sabía que el día comenzaba bien si ponía cada vez que me sentaba en la carpeta Hey Soul Sister.

Todo el resto del día estuvo pidiendo que Celeste le contará un cuento.

- Es bien fácil volteas le dices un cuento y se queda feliz. Por favor Celeste.

- Leonor, no es que abra la boca y brote el cuento, eso lo sabes.

- Pero, míralo ¿No te da pena?

- Pena me va a dar si acaba esta estúpida clase de biología y no entiendo nada.

- Yo te explico.

- ¿En serio?

- Sistema digestivo, por favor esa es mi área.

- Igual, ahora no le voy a contar nada.

- Celeste, en serio nos va a perseguir todo el día.

- Eso te pasa Leonor por decirle que yo contaba cuentos.

- Es viernes, hoy toca helado de lúcuma.

- No creo que nos siga a la heladería, además a él lo vienen a recoger.

Como Leonor lo había previsto, G no las dejó en paz durante todo el día porque lo que quería era nuevamente escuchar de la voz de alguien que le relate un cuento, cómo cuando era un niño y su madre le contaba cuentos antes de irse a dormir. Celeste trataba de no pensar en ello, se concentró en la clase y en la esperanza de que pronto sonaría el timbre que la llevaría directamente a la salida. Ella quería su helado de lúcuma y olvidarse del acoso constante de G que iba desde la dulzura de algunas de sus palabras hasta el instinto asesino de querer lanzarle la cartuchera entera en la cara. Leonor por otro lado se sentía culpable porque ahora G pasaría el resto del día acosándolas con tal de conseguir de Celeste Azul (cómo él solía llamarla) una historia. Leonor sentía que tenía la culpa por alimentar las ilusiones de G y al mismo tiempo sentía que era culpable del tormento que ahora Celeste y ella tendrían que pasar. Ni si quiera sabía qué clase de cuento quería escuchar, estaba segura que si se trataba de un cuento como La Sirenita o Caperucita Roja ella misma podría contárselo, pero ni ella misma creía que ese era el tipo de cuento que él esperaba.

Todo el resto de las clase se la pasó pidiéndole una pequeña historia a Celeste que optó incluso por hacer los ejercicios de matemáticas en la pizarra con tal de no oírlo pidiendo una y otra vez un cuento. En el recreo por más que quisieron huir él sabía dónde encontrarlas. Como todos los días se refugiaron en las escaleras del auditorio lejos del sol del día, lejos de la bulla de los niños jugando y lejos de las voces de sus compañeras de clase. Cuando ellas llegaron él ya estaba ahí, si bien no dijo ni una sola palabra no le quitó los ojos de encima a Celeste. Su mirada constante terminaba incomodándola más que su voz. Ella no estaba acostumbrada a que la mirarán, en su casa no la miraban porque todos estaban muy ocupados o simplemente no encontraban nada interesante en ella. Tanta atención sobre su ligero cuerpo y su larga cabellera empezaba a sacarla de quicio. A la salida la situación ya era insostenible y los peores temores de Celeste podían convertirse en realidad ¿Qué pasa si él las sigue hasta la heladería? Los helados de los viernes eran un ritual que Leonor y Celeste cumplían desde que entraron al colegio y nadie ni nada han podido quitarles esta costumbre, no podía dejar que G fuera y se sentará ahí sin quitarle los ojos de encima. Entonces se acercó a G, aprovechando que Leonor tenía que pasar por a dejar un trabajo antes de salir del colegio, le tomo la mano con fuerza y le dijo:

Presta atención G: Estoy feliz porque crecimos y me llevo lo mejor de todo esto conmigo, me contaron que debía ser honesta contigo. Puede que esto no sea lo que quiero pero no puedo caminar en la soledad por siempre. Hay cosas que no queremos que pasen pero igual las aceptamos, cosas que no queremos saber pero igual las aprendemos y gente con la que te cruzas y no la puedes dejar. Ese es tu cuento y el mío.

Celeste y sus pequeñas ballerinas de charol chocaron los talones y antes que G pueda darse cuenta le dio un pequeño beso en la comisura de los labios pero antes que hubiera alguna otra palabra ella ya estaba camino a su bicicleta. Dejó la mochila en la cesta que iba a delante y comenzó a pedalear incluso sin esperar a Leonor que llegaba corriendo, no volteó y sólo se detuvo cuando vio a Leonor al lado de G. Leonor se detuvo delante de G sólo para ver su desconcierto en el rostro, le dio una palmada en el hombro y le dijo:

Creo que nunca te va a contar la historia ¿no? Pero no te deprimas G, no cuenta cuentos así nomás, ya sabes cómo es Celeste. Un favor, no nos sigas a la heladería, es viernes ¿Recuerdas? Chau, nos vemos el lunes.



lunes, 17 de enero de 2011

Arguedas y el Perú que en verdad existe

El centenario de José María Arguedas concuerda con la celebración de la fundación española de la ciudad de Lima. Capital del país que fue nombrado por el escritor como el país de todas las sangres, sin embargo esta ciudad no está consciente sobre la realidad del país. No sólo hablando en términos económicos, educativos o de salud sino también a nivel del desarrollo cultural. Hay quienes dicen que “todo sucede por algo”, entonces no es gratuito que el 18 de enero del 2011 celebremos el aniversario de Lima y también el nacimiento de José María Arguedas, cuyo trabajo y esfuerzo tuvieron destinada la comunión entre el mundo occidental y el mundo andino. El centenario del nacimiento de una vida que tuvo dolor, pesares y un acercamiento latente con el mundo que se esconde más allá de la burbuja de Lima. Es tal vez en este punto donde radica la importancia de José María Arguedas para la historia del Perú.

Una sensibilidad única para relacionarse y tratar de comprender al mundo andino no sólo a través de las vivencias del día a día sino a través del arte. La danza, la música o la literatura son algunas de las herramientas que comenzó a usar Arguedas para entender el conflicto en el que aún se encuentra hundido el país. Lo que el Perú sufre es un alto grado de desconocimiento y desintegración. No fue únicamente escritor también fue etnólogo, antropólogo y musicólogo, gracias a su acercamiento a las artes pudo demostrar el valor y la calidad que nos negamos a ver en el otro. Todo su trabajo es una puerta abierta para seguir con la labor de integrar una nación que aunque vive junta se encuentra desmembrada por su propia intolerancia ante lo que cree ajeno a sí misma.

Nadie como Arguedas ha comprendido los problemas que el mundo andino debe enfrentar al verse confrontado con la occidentalización de Lima. A lo largo de su vida conoció de ambos

mundos y comprendió que no se trata de la polaridad hacia cierta cultura sino de tomar un poco de todo. Por eso en un discurso nos deja estas palabras “Yo no soy un aculturado, sino que habló en cristiano y en indio”. Lo que busca es la comunión de un mundo plural y diverso bañado de muchas culturas. Arguedas conoce a través de sus propias vivencias que fuera de la sierra ser serrano tiene otra connotación y es visto como inferior. Dentro del dolor de su propia personalidad comprende este conflicto y se plantea un trabajo constante en su vida. No era un hombre que exaltaba lo andino y repudiaba lo occidental, por el contrario, creía en la convivencia de ambos mundos con respeto y con la capacidad de poder aprender el uno del otro. Esta capacidad de aprender (que aún no se ha desarrollado) nos permitiría alimentar una nación que represente "Todas las Sangres". José María Arguedas nos demostró a través de sus obras que la visión que Lima tiene del mundo andino no debe tratarse de una idealización del Tahuantinsuyo, porque actualmente el indio a es discriminado y olvidado. No sólo se dedico al serrano que está en los andes sino también al que viene a Lima, pues con él se puede ver mejor y nutrir más a este país que tiene a todos mezclados en la urbe y olvida las aldeas nativas. Fue el primero en comprender al migrante.

“Claro que el serrano trabaja en Lima sin olvidar su pueblo. Reúne dinero para escuelas, templos, relojes públicos y aun carreteras. Pero el contacto con la ciudad le ha hecho sentir de repente el silencio de su aldea nativa”

Hace unos días me dijeron "Arguedas fue bueno en su época pero ahora los problemas del país son otros". Creo que si hablamos de problemas con referencia a la tecnología o con relación a los grandes avances que se han logrado a través de tiempo, el comentario sería acertado. Pero para ser sinceros los problemas de discriminación, desintegración y desconocimiento que vivió siguen latentes. Aprovechemos el poder celebrar el centenario de Arguedas junto con el aniversario de Lima como un llamado para retomar este camino de integración y respeto. Celebremos a un hombre que durante su vida trato de trabajar por un país más integrado y por otro lado despertemos a la ciudad que cómo eje del poder nacional vive de espaldas ante los hechos concretos de la sociedad peruana: Desintegración y discriminación. No podemos permitir que este contraste se repita, por el contrario, trabajemos para que al fin el país crea su realidad y comprenda que todas las sangres confluyen en cada uno de los peruanos. Particularmente, Arguedas es el escritor nacional que me ayudó a comprender y despertó en mí una curiosidad latente por conocer más sobre el Perú y no quedarme pensando sólo en Lima. Cambié mi entender del país a través de sus relatos y así fui cambiando mis perspectivas de la burbuja limeña. Desde la literatura debo decir que el mejor homenaje que se le puede hacer es leer sus obras, pues nos dará la oportunidad de comprender la identidad del Perú. Leer a Arguedas nos deja entender la complejidad de un país que cuenta con muchas vertientes culturales pero no es capaz de comprenderlas y convivir con ellas. A través de su obra aprendemos del mundo andino, su existencia ante el mundo occidental y además nos permite conocer un poco más la esencia del hombre. En el caso de Arguedas, a un hombre que tuvo que luchar contra sus propios demonios internos, contra sus temores y con la inseguridad de ser demolido por el cambio intransigente.

“Yo tenía pocos y débiles aliados, inseguros; los de ella han vencido” JMA

Si somos el país de todas las sangres entonces hay que darnos el derecho a ser diferentes.


domingo, 9 de enero de 2011

I do believe in fairies! I do! I do !

Yo creo en las hadas y las musas.

Creo en la fuerza de la naturaleza.

Estoy convencida que en la vida lo bueno regresa, pero lo malo también.

Mamá me enseñó a creer en mis libros y sus historias.

La vida me dejó aprender a no creerles a los mentirosos.

Sé que lo bueno y lo malo pasa, pero todo tiene un equilibrio.

Creo en el soporte de la amistad.

Para mí la magia de dos manos unidas es todo, porque ya somos más de uno.

Me encantas los post-its en la pared, para recordar las mejores frases de la vida.

Así que para este 2011 seguiré creyendo en lo mismo. Podré seguir trabajando, mirar atrás para recordar lo bueno, aprender de lo malo y sonreír para lo que venga. Un poco tarde pero igual: BIENVENIDO 2011 ! Que sea un año de más cuentos, historias, libros y Tina y Betina.

miércoles, 5 de enero de 2011

B I Z A R R O

Nadie tiene la paciencia para regresar sólo yo y nadie más.

Y me darás algo, algo que me alivie un poco más….

Cortaste la agenda y lo dejaste entrar, error de nuevo, para que vuelva a desordenar. La habitación se llenó de ansiedad ante aquellos ojos que parecían querer decir la verdad pero que en cada parpadeo te regalaba una sonrisa fingida y una despedida más. Volviste a guardar la agenda y la vida en ello para que nadie se entere de lo que pasa en su interior. Te fuiste caminando con el libro en la mano y una pequeña historia para contar en cada esquina que no se esconda y para cada niño que anda por la calle ante la miseria de los hombres que miran su miseria.

Sabías que ya no valía nada y con la pequeña mochila roja empacaste ropa y las Teorías Salvajes, corriste de regreso para mirar por la ventana una vez más y trotaste hasta la puerta porque una parte de la mochila, contigo dentro, se quería quedar. Hasta que al fin pudiste cruzar…

And that's important because I need to travel
I've had this itching in my shoes since I was just a little kid

Recordaste que a mamá le daba miedo la garúa. Pero tu si estabas preparada para que te caiga el agua una y otra vez, te sentabas en la ventana mirando el cielo caer porque no te dejaba salir para que la lluvia caiga sobre ti y tus pequeños pies con las botas que sacaste de mi armario como un recuerdo de aventuras en medio de la lluvia de verano. Él tampoco entraba en la agenda porque no le gustaba ni el color ni las formas pero tú si tenía que seguir con ella para poder seguir con los pies en la tierra, así que si no le gusta la agenda no le gustan tus manos, no le gustan tus ojos, no le gusta lo que haces. Todo porque le da miedo pensar en lo que vendrá. Pasaste por encima de su cuerpo mientras dormía, tomaste la mochila roja y saliste por el mismo sitio por donde mañana entrará alguna otra chica. Fue divertido y luego de esos momentos, y con la mente en blanco, puedes seguir leyendo cuentos a quienes les interese. Pasaras por las calles que él ha dejado, estarás lejos las sonrisas fingidas y las prontas despedidas de otros….

Media verónica está rota, no tiene muchos años pero le hicieron daño…

Los pasos seguirán...

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Alina a las doce y un minuto

Le dije que tenía una historia en el bolsillo y como siempre, me dio la misma sonrisa inclinada hacia la derecha, siguió mirando por la ventana. Había estado ahí sentada durante todo el atardecer. Afuera sonaba a agua, porque al desaparecer la luz nos acompañó la lluvia y ella seguía viendo lo que caía, el cielo que se nos venía abajo y sus pedazos entraban a casa en mis botas. Solía molestarle que entrara a la casa con los zapatos mojados, lo odiaba tanto como yo la odiaba a ella cuando tenía sus caprichos de limpieza. Ahí estaba Alina en la ventana sin decirme nada por la hora o los zapatos mojados. El día de trabajo me había dejado cansado así que saqué la cajita que llevaba en el bolsillo y la deje al costado de sus pies, que también miraban a la ventana y al agua. Me fui a dormir para poder estar listo para la celebración de fin de año.

Alina me miró a los ojos y sonrió con la mueca caída a la derecha y los ojos llorosos como si en ellos también lloviera. Le volví a decir que tenía una historia en la caja pero esta vez ella tenía la suya en aquella pequeña caja que tanto cuidaba. Sacó uno, dos y más papeles. La oscuridad de la habitación no me dejaba ver que tenían los papeles, si estaban escritos o había dibujos en ellos. No sabía nada de ellos. Se nos hacía tarde y ella lo sabía. Lo sabían sus piernas que se rehusaban a moverse y lo sabían sus ojos que no sacaban la vista de esos papeles. Lo sabía su cuerpo entero que no me miraba y yo sabía que no quería verme, no quería que le dijera que se apuré pero igual se lo dije, porque no quería quedarme en esa sala, quería salir a divertirme y a festejar, ni yo mismo sabía por qué pero no quería seguir ahí sin hacer nada, contemplándola. Era bello ver a Alina en una noche cualquiera cuando se sentaba a ver los autos en la ventana de la habitación pero en ese momento lo que yo quería era salir.

Me comencé a cambiar, esperaba que ella se diera cuenta que no pretendía quedarme esa noche en casa, que el departamento no me era suficiente y que la oscuridad de la sala me estaba desesperando. Me bañé, pasé con el pantalón de jean, volví a salir para preguntarle que camisa debía poner, salí para peinarme en el espejo de la sala, sólo para que de una vez por todas reaccionara, pero nada hacía que ella dejara de ver sus papeles. Qué era todo aquello que leía ¿Por qué escogía justo este día para callarse?

Alina al fin volteó y me vio ahí listo para salir. Yo no quería irme sin ella y seguía esperando una reacción, que se moviera, que me pidiera que la espere pero simplemente me preguntó a qué hora regresaba. Seguía acomodando sus papeles y no sabía si gritarle o irme ¿Cómo hago para que entiendas? le grité en medio de un ataque desesperado, pero ella seguía tranquila con sus papeles.

Te vas – me dijo sin dejar de mirar sus papeles – yo me quedo porque quiero. Espero que algún día comprendas que la bulla de la calle me aturde y los abrazos, a menos que sean los tuyos, me molestan. Te vas a tomar con tus amigos, yo me quedo repasando mi año. Ellos creen que es una excusa perfecta para celebrar, pues lo que no saben es que el día de mañana la vida será igual. Así que si te quieres ir anda yo no te voy a decir que me esperes. Nos vemos mañana en el nuevo año con las nuevas cosas que todos creen que vendrán. Al final no entienden que la vida mañana será igual. Me lanzó un papel de esos que leía justo antes que saliera. La curiosidad me mataba pero no lo iba a abrir en ese momento porque sería darle la razón. No lo abrí en el ascensor porque tenía miedo de leerlo y querer correr de regreso al departamento. No lo leí en la calle porque ella estaba en su ventana mirándome y en el taxi aún no quería leerlo por miedo a llorar por dejarla sola. Llegué a la fiesta a penas para encontrar a mis amigos. 3, 2, 1…. y el grito de Feliz Año Nuevo. Seguro Alina ya ha terminado de ver sus papeles y está viendo los fuegos artificiales desde la ventana. No entiendo que hacía pensando en Alina en lugar de divertirme, para eso estaba en esa fiesta. EL PAPEL, lo había dejado en mi bolsillo. Luego de saludar incluso a aquellos que no conocía lo busqué.

2005, el año nuevo donde todo comenzó y hasta ahora todo va bien.

El champagne en grandes cantidades estaba haciendo efecto, pero no podía olvidar que ese era el Año Nuevo del Volkswagen amarillo y la puesta de sol, esa fue la primera vez que vi a Alina y la primera vez que celebramos juntos. Fue hace 5 años, los mismos que estoy con ella. Eran las doce y un minuto cuando Alina sacó de la despensa uno de sus muffins favoritos y prendió una vela, pidió un deseo y sopló. Aquél Año Nuevo del amanecer en el Volkswagen amarillo fue el único que celebró, me dijo que había decidido salir porque creía firmemente que esa noche iba a encontrar algo interesante. Me di cuenta que Alina no salía porque el 01 de enero era su cumpleaños, por eso ella detestaba salir “todos celebran todo menos mi cumpleaños, así que acá en casa me quedo tranquila pensando que los fuegos artificiales son para mí”. ¿Qué demonios era ese papel que me dio Alina? Salí corriendo para el departamento en medio de las celebraciones pero cuando llegué ya estaba dormida.

Ante tanto misterio no hice más que despertarla, aunque ahora pienso que se había hecho la dormida para no hablar conmigo. Sólo se sentó y de lo más tranquila me preguntó si había leído el papel y antes que pudiera hacer cualquier pregunta me dijo: Si leíste el papel entiendes mis razones para no salir en año nuevo, no quiero celebrar un nuevo año sino mi cumpleaños, es un año nuevo de vida para mí, no quiero que sea de otro, por eso me quedó. ¿Por qué salí ese año nuevo? Sabía que iba a encontrar algo bueno y te encontré a ti. Ya no tengo que salir por un año nuevo, me puedo quedar aquí celebrando el mío. Tú sales porque aún sigues buscando, te quedarás conmigo hasta que, así como yo, salgas y encuentres a la persona adecuada.

Me eché con ella y le di un beso tratando de saludarla por su cumpleaños, fue un buen año hasta que al siguiente salí nuevamente y como lo había dicho Alina, encontré a alguien. Regresé corriendo negándome a dejar a aquella mujer que había estado conmigo por cinco años, pero cuando llegué Alina se había ido. Cuando llegué ya era muy tarde eran las doce y un minuto, ya se había ido y había dejado su pastel en la mesa.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cuento Navideño - Los adornos del árbol


Cuando me di cuenta ya era demasiado tarde, no sé porque lo hacía. Era un pequeño placer interno que se expandía como los pedazos de cristal en el piso. Fue el primer descubrimiento navideño. Mi tío levanto todos los pedazos antes que llegará mi abuela y me pidió que me callara, ni una sola palabra a nadie y nadie se daría cuenta de la ausencia de una de las bolitas de Navidad. Su preocupación era que mi abuela no se enterará, la mía era que Santa Claus lo supiera.

Mamá me había dicho que me portará bien para poder recibir los regalos en Navidad. Yo muy obediente, y tal vez haciendo acopio de toda mi paciencia y buen humor, le hice caso. La meta para fin de año definitivamente no era recibir un pedazo de carbón en lugar de regalos, así cuando me encontré con Santa Claus me senté en sus piernas, nerviosa porque creía que lo sabía todo. Comencé a golpear las puntas de mis zapatos de charol esperando la gran pregunta ¿Te has portado bien María Fernanda? La duda de los adornos de cristal pasó por mi mente, pero era mi única oportunidad que se me presentaba para escapar. Rápidamente le dije SI y lo abracé, nadie puede contra el inocente abrazo de un niño. Me había salvado, Santa prometió dejar lo regalos que le había pedido por ser una buena niña, me fui y dejé que los que estaban en la fila siguieran.

El día de Navidad recibí los regalos de mi lista. Fue perfecto, el secreto quedó entre mi tío y yo. Ni Santa Claus supo de los adornos de Navidad. Mamá me hizo tomarme una foto al costado del árbol y ahí entre los adornos me acordaba de mis pequeñas travesuras.

Mi tío me pidió que lo ayudara a armar el árbol, el inicio de una larga tradición que hasta hoy perdura. La emoción era demasiada al ver todos los adornos brillando y como todas aquellas cajas guardadas dura casi un año se convertían en adornos magníficos y llenos de luces para celebrar Navidad. Era la primera vez que iba a ayudar a mi tío, sin saber que luego de algunos años yo sería la encargada y organizadora vitalicia de esta celebración en casa.

Mi misión era sacar los adornos de las cajas e ir alcanzándoselas a mi tío. Era una ardua labor pues no cualquiera podía sacar los adornos y yo desde mis 5 años pensaba que no había nadie mejor que yo para alcanzarle los adornos a mi tío, así el se cansaba menos y se concentraba más en el árbol. Sin embargo, mi curiosidad navideña me embargo, era más fuerte de lo que yo pensaba y en el momento más inesperado los pensamientos más siniestros rondaron por mi mente. Tenía en la mano las bolitas de cristal que mi abuela guardaba como un gran tesoro, eran los adornos estrella del árbol. Ahí estaba yo con mi vestidito rosado y las medias con blondas, chocando de nuevo las puntas de los zapatos de charol bajo el dilema de mi vida: ¡Qué lindas las bolitas! ¿De qué estarán hechas?

Mi mano fue más rápida que mis remordimientos y así me entere que las lindas bolitas que mi abuela colgaba en el árbol eran de cristal, y el cristal al chocarse contra el piso se hacía trizas. Ahí me quedé fascinada con la destrucción que había generado y la pregunta de mi vida ¿Cómo algo tan bello se acaba tan rápido?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Navidad, ya llegaste !

Over the Rainbow también celebra la NAVIDAD! Porque definitivamente es una época particular e irrepetible en el año, donde la alegría se refleja en las luces y el cariño brota de la gente con suma sinceridad. Es una fiesta genial donde la reciprocidad, de compartir no sólo con nuestros parientes y amigos sino también con todos aquellos que no conocemos, desear una sincera y Feliz Navidad no cuesta y alegra el día de todos.

Aquí los dejo con clásicos navideños, excelente e irrepetibles, como cada Navidad. ¡Espero que la pasen genial! ¡Feliz NAVIDAD ¡

What's This? - The Nightmare Before Christmas



Charlie Brown and OH Christmas Tree


Welcome Christmas - The Grinch


Baby it's cold outside

domingo, 12 de diciembre de 2010

Tina y Betina - En Preparativos Navideños

Betina: Ya tengo tu regalo de Navidad-.

Tina: ¿En verdad? Bueno espero que sea algo lindo.

Betina: Es bien BONI.

Tina: Ah… yo… bueno aún no he pensado en que regalarte.

Betina: ehmmm

Tina: Pero te prometo que pronto encontraré algo.

Betina: ¡Ay qué linda! Más te vale..

Tina: Bueno llegó la hora de prender el árbol.

Vocecitas: ¿Prender? Nooo si está lindo / Respira, tranquila. No lo van a prender hasta que se haga fogata/ ¿Entonces? / Van a aprender las luces del árbol pues... / ¡Ah ya! mismo el Rockefeller Center / Ficha eres ahhh / Obvioooo.

Betina: Sabes…

Tina: ¿Qué?

Betina: Puedes revisar la lista de regalos que mandé por correo, algunas sugerencias.

Tina: Uy claro Tiffanys, Cartier, Varinas Ferragamo, LV…. un poco cara tu lista.

Betina: Todo vale por hacerme feliz.

Tina: Claro, tu feliz y yo en bancarrota.

Betina: Pero mi felicidad te debe hacer feliz.

Tina: Claro que si B, pero nunca tanto.

Vocecitas: Hay me encanta el espíritu navideño / Creo que acá adentro deberíamos decorar / Si, tienes razón he pensado en unas guirnaldas por acá / ¿Y el árbol? / Verdad, hay que hacerle espacio / Empuja, uno .. dos .. tres …

Tina: Auuuuu

Betina: ¿Qué pasa?

Tina: Nada son las vocecitas decorando para Navidad