domingo, 24 de julio de 2011

Fin de semana en la FIL

Los libros siguen siendo las estrellas en este fin de semana durante la Feria Internacional del Libro. Este sábado que pasó estuve de regreso en la feria con la buena compañía de algunos amigos. La diversidad de las compras de todos me demostró que esta feria nos ofrece de todo para todos los gustos, profesiones y necesidades. Algunos fueron en busca de libros jurídicos, otros en busca de diccionarios para sus nuevos viajes más allá del mar y otros (como yo) nos fuimos por más libros de literatura.  No sólo conseguimos los libros que queríamos sino que pudimos conseguir los autógrafos de los autores como en el caso de Oswaldo Reynoso quien se encontraba firmando sus libros. 



Además de los stands, exposiciones y homenajes, la feria nos ofrece la oportunidad de acercarnos a las obras a través de las presentaciones de los libros. Un excelente ejemplo de esto fue la presentación del libro Poemas Completos de César Vallejos del Fondo Editorial de la Universidad de Ciencias y Humanidades.  El crítico literario Ricardo González-Vigil presentó el libro resaltando la necesidad de conocer la obra completa de Vallejo en teatro, novela, cuento, ensayo y poesía. El conocer la obra completa de Vallejo nos dará un mejor entendimiento de su obra central, la obra poética, comprenderemos mejor su aventura lingüística. Esta compilación poética no sólo tiene sus obras sino un análisis de Raúl Hernández Novas dándole al lector una visión más amplia de la propuesta creadora de Vallejo. Esta reunión nos permite conocer la obra de Vallejo y comprender que no se puede encuadrar en ningún ismo sino que se trata de una exploración propia  en comunión con las vanguardias de la época.




Algunas otras recomendaciones por si se animan a ir a la Feria del Libro:
  • No dejen de pasar por Crisol, sobre todo para los cuentos para niños y para comprar algunos clásicos como las obras de García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa.
  • En la Librería La Familia los libros de Taschen están con descuento y son colecciones fotográficas realmente interesantes.
  • Para los fans de los Beatles, pueden pasar por SBS  y conseguir el libro con todas las letras y canciones de este emblemático grupo.
  • Por el Centenario de José María Arguedas, en el Fondo Editorial de la Católica podrán encontrar “¿He vivido en vano? La mesa redonda sobre Todas las Sangres” que viene con un CD de audio incluido.
  • Y porque hay que ayudar a las editoriales que comienzan, no dejen de pasar por Estruendomudo que tienen una oferta de tres libros por S/.50.00. Vayan, pregunten y ahí les dirán cuales están dentro de esta oferta.

    Para este domingo las actividades siguen y entre ellas una de las más interesantes es la presentación del libro de Miss Rossi, El león despeinado y la gallina impuntual.  De la región Cuzco  llega el quechua con la presentación del libro Anta warmikuna kawsayninkumanta willakunku – Mujeres Anta. El país invitado Venezuela nos presenta un recital de poesía  y al final del día La Noche Peruana  con la presentación del Grupo de Hip Hop 610 con fusión afroperuana

    No olviden que tienen hasta el 02 de Agosto para visitar la feria.  

    viernes, 22 de julio de 2011

    Los primeros días en la Feria del Libro


    El miércoles 20 de Julio en Lima se inauguró la 16° Feria Internacional del Libro, este año con la misión de mostrarnos que las palabras cuentan.  Además de una gran cantidad de stands (entre editoriales, embajadas e institutos) también hay conferencias, presentaciones de libros, mesas de conversación, cine, música, exposiciones artísticas y programas infantiles. Este año con homenajes especiales a José María Arguedas, Oswaldo Reynoso, Carlos Ivan Degregori y el Chino Domínguez. La Feria del Libro regresa para demostrarnos que incluso con el avance de la tecnología un buen libro siempre puede ser una buena compañía y una fuente básica de conocimientos.

    La FIL2011 ya tiene tres días, muchos libros ya han sido vendidos y muchas personas se pasean entre sus pasadizos. No sólo aquellos que son unos ratones de biblioteca, pues en esta feria se encuentra de todo para todos los gustos.  Sobre tecnología, revistas, obras literarias, fotografía, comic, libros sobre diseños de moda, idiomas, arte, etc. Over the Rainbow ya tiene unos días recorriendo la feria descubriendo algunas novedades, con ganas de conseguir muchos libros y con la sensación que en cada stand uno puede encontrar un detalle interesante para los diversos lectores.  Para quienes aún no han ido algunas recomendaciones, algunos stands que son imperdibles para algunos gustos.  Para los fanáticos de Harry Potter esta la  Librería Océano con todos los libros de las aventuras del mago además de los libros extras sobre el mundo mágico: El quidditch a través de los tiempos, Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Los Cuentos de Beedle el bardo. Para quienes tienen un buen presupuesto no dejen de pasar por La Familia quienes tienen excelentes libros de Taschen, colecciones de fotografía, moda y colecciones de obras literarias completas. Otras paradas fijas son el Fondo Editorial de la PUCP, el stand de Estruendomudo, la Librería Inestable,  del Banco Central de Reserva para los que quieran conseguir las monedas con el diseño de Macchu Picchu y el stand de la Embajada de los Países Bajos con excelentes replicas de las obras de Van Gogh. Entre los  stands de los países invitados están el de  Ecuador, Argentina, Venezuela y Chile (con una colección bastante interesante)




    Hoy una de las mesas más interesantes fue la presentación del libro de Miguel Rubio “Raíces y Semillas. Maestros y caminos del teatro Latinoamérica”. Miguel Rubio junto al grupo de teatro Yuyachkani nos presentan este libro que nos narra el testimonio del director su contacto con los maestros del teatro latinoamericano, un proceso de crecimiento y aprendizaje. A través de este libro podemos conocer cómo es que el teatro en Latinoamérica se constituye  como un acompañamiento para los pueblos en proceso de transformación. El teatro se realiza para hacer que el público dude, se cuestione y no crea las verdades dadas. 



    Para mañana uno de los eventos infaltables es la presentación de Ricardo González-Vigil y las obras completas de César Vallejo. Esta presentación se realizará en el Auditorio César Vallejo a las 7 de la noche. La feria estará abierta hasta el 02 de agosto en el Parque de los Próceres. No dejen de ir, es una excelente oportunidad para comprar, conocer un poco más a los autores e incluso conocer nuevas vías de creación y conocimiento. Encontrarán de todo para todos, es sólo cuestión de pasearse por los diferentes puestos. No se olviden de pedir un programa en la entrada.


    viernes, 15 de julio de 2011

    La Dulce Entrada - Galletas con chispas de chocolates y nueces

    Otra nueva receta para acompañar un buen libro o una película. Esta receta me la dio Sandra, una amiga de mamá. Espero les guste, se las dejo con algunas notitas extras.

    GALLETAS CON CHISPAS DE CHOCOLATE Y NUECES


    Ingredientes:
    3/4 taza de azúcar
    1 taza de azúcar rubia
    1 taza mantequilla sin sal suave (el paquete grande de mantequilla de Laive, de envoltura amarilla, es justo la medida)
    1 cucharadita de esencia de vainilla
    2 huevos
    2.1/2 tazas de harina sin preparar
    3/4 bicarbonato de sodio
    3/4 cucharadita de sal
    1 taza pecanas picadas (o nueces o Mecadamia picadas en trozos grandes o almendras)
    12 onzas o 2 tazas de lágrimas de chocolate (Negusa o Hersheys ambos se encuentra en Wong)
    1/2 de Avena 3 ositos

    Preparación

    Precalentar el horno a 190°C (375 °F)
    Batir el azúcar blanca, azúcar rubia y la mantequilla con una batidora eléctrica por 3 minutos.
    Agregar la vainilla, los huevos, la harina, el polvo de hornear y la sal.
    Mezclar bien e incorporar las nueces, el chocolate y la avena.
    Colocar cucharadas de masa (equivalente a 1/4 de taza) en una lata sin engrasar. Dejar 5 cm de separación entre galleta y galleta y apretar la masa con un tenedor como extendiéndola.
    Hornear de 11 a 14 minutos, hasta que los bordes estén dorados y los centros blandos. Enfriar durante 3 o 4 minutos. Retirar las galletas de la lata y seguir enfriandolas sobre una rejilla.


      Inicios

      Toda buena obra literaria tiene un buen inicio ¿Por qué? Pues, básicamente el inicio nos va a llenar de preguntas, de tantas que devoramos el libro para saber lo que sucede. Acá les dejo algunos de mis inicios favoritos, además de ser muy conocidos, son de esos pasajes que nos llenan la mente de imágenes.

      Sin lugar a duda, también son libros a los que uno siempre regresa para enterarse de más cosas. Todos tenemos un inicio favorito.


      La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de hierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios… - El Aleph de Jorge Luis Borges.

      Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo… - Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez.

      Call me Ishmael – Moby Dick de Herman Melville

      ¿Encontraría a la maga? – Rayuela de Julio Cortázar

      sábado, 9 de julio de 2011

      La Dulce Entrada


      Con ustedes una nueva entrada que vendrá de vez en cuando en Over the Rainbow. Nada mejor que un buen cuento, un buen libro, una buena película con un buen dulce. Así que aquí tienen algunas recetas para probar.

      Galletada de chocolate y vainilla

      Ingredientes:
      2 bolsas de pudin.
      100 gramos de pecana.
      2 paquetes de galletas de vainilla (de los paquetes largos)
      2 bolsas de leche evaporada.

      Preparación:
      Poner en una olla cuatro tazas de agua y cuatro tazas de leche, luego verter el contenido del pudin. Se debe mezclar a fuego lento y no se debe dejar de mover hasta que no quede ni un solo grupo en el contenido y la mezcla se empiece a espesar.

      En un pirex cuadrado colocar una capa de galletas de vainilla, previamente mojadas en leche. Debe quedar todo cubierto. Luego verter la mezcla del pudin y repetir la misma operación con la siguiente capa de galletas.

      Esparcir en toda la superficie las pecanas picadas. Luego que enfríe meterlo a la refrigeradora.

      miércoles, 6 de julio de 2011

      Al maestro con cariño

      De mis maestros de kinder me acuerdo poco pero por los relatos de mamá sé que la primera profesora que tuve fue la Miss Miriam, con solo un día bajo su tutela y con un discurso que quedará en el efímero mundo de los recuerdo infantiles me hizo abandonar de por vida el chupón que (con orgullo) llevé hasta los 4 años, hasta el primer día de nido.

      Avance por kinder entre los papeles lustres y las crayolas, sin muchos más recuerdos. La primaria sería un nuevo mundo y por alguna ilusa razón sentía que pasar a primer grado era mi primer paso a la adultez. Primer y segundo grado las pase en un colegio que dejó mucho que desear a mi madre y que a mí no me generó muchos recuerdos educativos, ningún maestro sobresaliente y también mucha distracción de mi parte. Sin embargo, el primer giro se dio cuando me cambiaron al Beata Imelda. Es ahí donde mi travesía educativa comenzó. Desde tercer grado de primaria hasta quinto de secundaria pasaron por mis salones un sinfín de profesores y aunque todos siempre fueron muy amables conmigo debo confesar que a muchos yo no los llegué a apreciar en su momento como lo hago ahora, tal vez porque cuando tienes 8, 10 o 16 años parece absurdo que te estén diciendo que te sientes bien, que saludes o que no comas en clase. Luego, cuando sales y trabajas, cuando sales y te chocas con el mundo te das cuenta que todo eso que te parecía absurdo son normas que te sirven. No olvidaré a la Frau Gloria, que no sólo me enseñó matemática sino que también nos cuidaba en el bus de regreso, ahora creo que si no hubiera ido con nosotros seguro hubiéramos muerto tal vez en medio de un salto entre asiento y asiento. Hay profesores que me acompañaron desde siempre como el Profesor Marlon y sus clases de computación. Comenzamos con los sencillos rompecabezas de Mickie Mouse para en quinto de secundaria rompernos la cabeza tratando de usar las fórmulas más complicadas del Excel.

      Están los profesores de los cursos que más aburren. El profesor Velázquez nunca perdió la paciencia ni las esperanzas de que aprendiera algo en las clases de matemáticas, siempre con una sonrisa insistió con los productos notables, información que aunque no recuerdo entendí en su momento para el examen y alguno que otro ejercicio. Largas horas fueron las que pase en las clases de alemán extremadamente aburrida entre los verbos y la gramática que es una locura con sus declinaciones y verbos que van en segunda posición o al final de la oración. Horas de horas sobre todo los tres últimos años, con Frau Kromer, que nos enseñó, nos llamó la atención y ahora sin embargo me sirve mucho el alemán que nos enseño siempre con una constante de excelencia. Ahora no sólo me sirve para trabajar sino para leer a los autores alemanes sin problema alguno, Goethe y yo hemos tenido un reencuentro desde que lo leo en su idioma original. Si bien en estas clases me aburría la diversión me llegaba con las clases de la Sra. Ana que no sólo se dio cuenta por mi interés casi incesante por la historia sino que muchas veces me ayudó con información adicional. Gracias por los ejercicios extras cuando el ritmo de la clase me quedó chico y por recomendarme libros y darme información nueva, este estímulo fue el último empujón que necesitaba para saber que mi destino eran las letras y ahora aquí me encuentro estudiando literatura. Curso de mi adoración, curso que llevé con mucho agrado con Virgina, con quien reí tanto o con la Frau Rina, quién a pesar de los impases, siempre apreció mi hábito de lectura incluso cuando creyó que era muy pronto para hacer mi resumen de lectura sobre Cien años de Soledad, en sexto grado.

      Algunos fueron únicamente mis profesores, hay otros que si fueron mis maestros, no sólo porque se dedicaron a transmitirme conocimientos sino porque en ellos siempre hubo una vocación de formación. Incluso de aquellos cursos de los que a veces unos siente que no aprende nada, ahora me doy cuenta que si me sirvieron para fortalecer mis convicciones como en el caso de la religión, ahora soy agnóstica con bases dadas gracias a la clase de religión (aunque no creo que el Padre Christian este muy contento con esta declaración, aunque por ahí y siempre lo sospechó).La filosofía en el colegio sin mucho que desarrollar por el corte basado en la fe también tuvo una gran importancia en mí, pues gracias a estos aspectos descubrí que si la información no te la dan el colegio las puedes conseguir en buenos libros y así fue que impulsada por este silencio en las clases escolares conocí a Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Nietzsche o Sartre.

      A todos ellos debo en parte lo que soy y por eso hoy les quiero decir gracias por la paciencia, las llamadas de atención, las buenas conversaciones y la confianza que muchas veces depositaron en mí. A veces uno dice que lo que extraña más del colegio son los amigos, yo no, porque a mis verdaderas amigas aún las veo y somos ahora más unidad, pero si extraño a mis maestros que no sólo me dieron conocimientos académicos sino que muchos reforzaron en mi las aéreas que más me interesaban y otros me enseñaron que “No puedo aprender sólo las cosas que me gustan”. Sin embargo, los maestros los encontramos a lo largo de la vida, gente con vocación que nos sorprende con grandes gestos de desprendimiento y paciencia como es el caso de Raúl, mi profesor de quechua y una especie de mentor para los autodenominados Uyarisun. Sin Raúl no podríamos decir ni “hola” en quechua y le debemos un GRACIAS inmenso e invaluable por enseñarnos sin recibir nada a cambio además de la satisfacción de vernos avanzar en nuestros conocimientos del quechua y claro ricos lonches de vez en cuando.

      Por último y si tengo que hablar de maestros, no puedo dejar de lado a las tres personas responsables de mi acercamiento (y posterior vocación) a la literatura. Carla, mi madre abrió frente a mis ojos el primer libro cuando aún no sabía leer y me mostró maravillosos mundos con mayor encanto de los que veía en la televisión, pues todo lo que yo leía no lo veía sino que lo construida en mi mente. La biblioteca de mi tío Pacho, en esos tiempo aún estudiante de la Católica, me permitió llegar a más libros entre ellos La historia sin fin y El Principito. Ellos me dejaron crecer y leer a su lado y sin buscarlo ahora compartimos comentarios, apreciaciones e incluso gustos. Por último Andrés, mi papá (aunque el reniegue de la carrera que elegí, también es participe de este crecimiento) llegó con su colección de Agatha Christie y más libros que me parecían gigantes pero que los terminé leyendo y desesperando porque no llegara el final.

      Estoy segura que en el transcurso de mi vida encontré a muchas personas con la vocación y la paciencia para la enseñanza, con el desprendimiento para compartir lo que sabe y que despierten en el otro el interés por el conocimiento. A todos los maestros que he tenido les digo gracias porque más que enseñarme, despertaron en mí la necesidad de conocer siempre más.

      Kausachun yachachiqkuna!


      lunes, 4 de julio de 2011

      Muerte sin fin

      La locura de los exámenes finales se ha apoderado incluso de Over The Rainbow pero no podemos dejar de poner algo, mientras regresamos con nuestro cuentos y alguna nueva historia por contar. En medio de la locura de los exámenes la poesía llegó con el mejor paisaje para el fin del mundo y la grandiosa intervención de un amigo en clases, como para aliviar el stress previo al examen "Yo quiero que en el 2012, cuando acabe el mundo, sea igualito que el poema."

      Los dejo con la parte XVII de Muerte sin fin de José Gorostiza, y el fin del mundo más poético de todos.

      XVII

      Porque raro metal o piedra rara,
      así como la roca escueta, lisa,
      que figura castillos
      con sólo naipes de aridez y escarcha,
      y así la arena de arrugados pechos
      y el humus maternal de entraña tibia,
      ay, todo se consume
      con un mohino crepitar de gozo,
      cuando la forma en sí, la forma pura,
      se entrega a la delicia de su muerte
      y en su sed de agotarla a grandes luces
      apura en una llama
      el aceite ritual de los sentidos,
      que sin labios, sin dedos, sin retinas,
      sí, paso a paso, muerte a muerte, locos,
      se acogen a sus túmidas matrices,
      mientras unos a otros se devoran
      al animal, la planta
      a la planta, la piedra
      a la piedra, el fuego
      al fuego, el mar
      al mar, la nube
      a la nube, el sol
      hasta que todo este fecundo río
      de enamorado semen que conjuga,
      inaccesible al tedio,
      el suntuoso caudal de su apetito,
      no desembocan en sus entrañas mismas,
      en el acre silencio de sus fuentes,
      entre fulgor de soles emboscados,
      en donde nada es ni nada está,
      donde el sueño no duele,
      donde nada ni nadie, nunca, está muriendo
      y sola ya, sobre las grandes aguas,
      flota el Espíritu de Dios que gime
      con un llanto más llanto aún que el llanto,
      como si herido -¡ay, Él también!- por un cabello,
      por el ojo en almendra de esa muerte
      que emana de su boca,
      hubiese al fin ahogado su palabra sangrienta.
      ¡Aleluya, aleluya!

      domingo, 19 de junio de 2011

      GABRIELLE ET MOI


      Cruzo el parque, tengo que alcanzarla. Asomo la cabeza entre los hombros de todos aquellos sastres y ternos. Nadie me abre paso, el mundo les estorba tanto como ellos a mí. Puedo ver su cabellera y su pequeña oreja derecha. Pequeña como la niña que conocí hace 20 años. Avanzar por las calles de Paris a las 8 de la mañana es casi un caos. Es difícil seguirla con la vista, los lentes se me caen por la nariz. Su abrigo rojo se ve a lo lejos y va entre la gente. Pasa al señor antes que pueda mirarla, esquiva a la mujer insatisfecha que mira en la puerta de la pastelería. Eran los pasos cortos, ahora ya no andaban por los jardines, van por el cemento húmedo de esta ciudad. Pasos cortos, veloces, aferrada a su bolso como se aferraba al brazo de su hermana cuando caminaban juntas por Gironde.
       
      Las mañanas de Gironde comenzaban con el sol naranja. Lleno de sol en el día, jazmín en las noches, lavanda en las ventanas, la leche fresca a las seis de la mañana. Se llenaban de luz todos los rincones en cada casa y debajo de las piedras, pero calentaba poco. Con el sol naranja en el rostro, apenas y dejaba verse entre un halo de luz más fuerte que cualquier aparición divina. Me apoyé en aquel viejo muro y la vi con su vestido de flores. Sacada de los cuadros que nos enseñaba la maestra en los slides. Era como vivir en esos cuadros impresionistas de la clase de arte. Era vivir en la mirada de esos pintores, como ese que dicen llegó a nuestro pueblo hace mucho para pintar nuestras calles. Fue el primero en caer del árbol cuando apenas comenzaba el invierno. En el primer día del otoño fue el viento de Gironde quien me llevó hasta su casa para verla. Mi cometa voló lejos de la pradera donde jugaba con los otros chicos. No resistió mucho, tal vez era la caña que había usado, había perdido la apuesta, con sus cuatro colores salió volando para caer en el jardín de maison au fin de la rue. Hacía muchos meses que no me acercaba, desde que Madame Mauresmo cayó del árbol por sacar a su gato. El sauce se imponía en la entrada como una advertencia para el pueblo entero. Una sonrisa, un esbozo entre sus labios y me lanzó la cometa. Apenas la pude ver pero fue suficiente para oler su largo cabello. Olía como l’automne. Era la fragancia de lo antiguo, como si mi nariz ya la hubiera sentido en algún otro tiempo. Sentí las flores de ella y se nublaron las cometas, las canicas, en el balón o las carreras. Mi mente se resumía en tres palabras: Me gustaba Gabrielle.
       
      En otoño, no hay luz sobre el rostro de nadie. En Paris no para de llover.
       
      Disculpe. Me abro paso, es absurdo, soy como esos niños que caminan tratando de pisar solo las losetas de un mismo color. Mis ojos siguen aquel abrigo rojo. El mundo entero trata de esquivarme o grita por mis pisadas y empujones. No me importa sigo llevado por la inercia de esta aparición. Es como tener diez años otra vez y entender lo mucho que me gustaba Gabrielle ¿A dónde va? Estoy a cada paso más cerca y las oleadas de recuerdos que me sugieren otros tiempos ¿Qué le voy a decir cuando llegue? Su hombro y mi mano. Mejor la llamaba primero. Mejor fingía tropezarme con ella. ¿Debía sólo mirarla y seguía mi camino? Mejor la amaba en secreto. Mi día comenzaba al otro lado de la ciudad, en Louvre, y acá estoy yo con este terno y la corbata acuestas caminando sin sentido en este parque. El verde gris entre los asientos de madera, ella gira en la pileta. Ni Venus ni las Musas nos miran, el agua sigue corriendo. El mocoso con su mascota y la señora del cochecito, por suerte ni la mascota huyó ni el niño cayó. No puedo seguir tropezando con la gente, me quita tiempo. Ella sigue el camino hacía Rue D’Hauteville. Menos gente, para mi suerte. El piso está lleno del agua que cayó toda la noche sin descanso y sin prisa. Mis zapatos se mojan, tal vez del sudor o la humedad. Estoy seguro que jamás llegaré al museo. La conferencia comienza a las nueve. La señora gorda y su beigel son el nuevo impedimento. El señor del bigote limpia cada banca, una mano le pide permiso a la otra. Otro con el mismo traje amarillo barre unas hojas y la devora con la mirada ¿Cómo se atreve? Deje de ver a Gabrielle. Ella mira su reloj y su rostro voltea ligeramente, su pequeña oreja derecha es la misma. ¿Y la conferencia? ¿De qué iba a hablar? Lo único que tengo conmigo son mis recuerdos aquellos de un niño de diez años y nada más. Tal vez vive en Paris, la puedo dejar ir y buscarla mañana. Eran menos losetas y personas entre los dos. Eran más de 20 años, ya ni Gironde era lo mismo y Gabrielle tiene aún esa luz naranja a su lado. Disculpe no fue mi intención. Disculpe. ATTENTION. Tengo que darle el alcance. Disculpe señora.
       
      En Gironde en otoño el sol nos saluda hasta las seis de la tarde.
      Llegué a casa sin hambre, papá hizo de todo para reparar la cometa pero yo no tenía ganas ni de cortar la caña. El domingo entero me la pase tratando de arreglar mi cabello, imposible después de años al viento y a la tierra. Me fui al colegio sin ensuciar mi uniforme, no comí no hice nada más que salir corriendo, quería ser el primero. La maestra sentó a Gabrielle delante de mí, saludó y se sentó con el cabello largo y negro sobre mi carpeta. Su altivo mentón saludó a todos con un aire de otro mundo, tal vez Gironde era pequeño para su sonrisa de hoyuelos. Llegaba corriendo a clases, siempre tarde, del brazo de su hermana y mientras yo fingía jugar a las canicas la veía pasar con la esperanza de que ella sintiera aquel cariño. Perdí la mitad de mis canicas, en el trompo no podía darle a una y perdía en todas mis apuestas la lonchera, la tarea de matemática, las figuras del álbum del mundial. Se había desaparecido mi zurda preciada para patear en los recreos, perdí la pelota de fútbol en un estúpido juego de penales, llegaba a casa todos los días sin el pantalón roto y con los zapatos limpios, llegaba a casa pensando cómo hacer para que me viera.

      Ella llevaba en su cabello la luz naranja del otoño, incluso cuando el invierno nos alcanzaba con las bufandas en los cuellos. Entre lágrimas me dejó la moleskine cuando apenas comenzaba a congelarse el lago. Aquella mañana en que su cuaderno cayó sobre mi carpeta la maestra entró a clases por ella, no había terminado de salir cuando me di cuenta que en la primera página decía TE QUIERO. Entendí que el cuaderno no cayó por accidente, era realmente mío. La maestra se la llevó del brazo, la mochila ni si quiera la pudo cerrar y la puerta de vaivén fue y regreso muchas veces sin que nadie la volviera a cruzar. Salió dejando atrás mi mirada que pedía una explicación, siguieron con la clase ese día, al día siguiente, en la semana y hasta que se acabo el año. La vi partir esa misma tarde del brazo de su abuelo. Gabrielle se fue a vivir con ellos desde aquel día. La primera semana del invierno en Gironde, cuando los gatos se suben a los árboles. Nadie les había contando las historias, no le dijeron que no es bueno subirse los árboles en invierno. Su padre trepó aquel sauce en la maison au fin de la rue. No le habían contado de Madame Mauresmo y el gatito pardo. El padre de Gabrielle cayó del sauce, el más alto de Gironde.
       
      La lluvia se aproxima de nuevo sin prisa pero con fuerza.
      Su paraguas cae del bolso, es el momento que me da París para ir hacía ella. Nadie se ha dado cuenta, sus pequeños zapatos giran, es lo único que puedo ver, me aferro al paraguas. No quiero, pero debo levantar los ojos verla, decirle al fin algo. Sus zapatos ya estaban ahí ante mis ojos. Disculpe, ese es mi paraguas. Levanto el brazo pidiéndole a mis ojos que levante la vista. Sus zapatos, aquellas rodillas, el inicio de una falda y unas piernas cubiertas por las pantys, un vientre delgado, pequeño, se movía con el ritmo de su respiración. Aquel abrigo rojo cubre mucho y sin embargo ahí están sus pechos como mirando, aquel mentón, sus hoyuelos en la mejilla. Pardon, ceci est mon parapluie. Una sonrisa dulce sale entre aquellos cabellos largos y negros. Le alcancé el paraguas sin salir de mi asombro, al fin pude llegar. Excusez moi. Toma el paraguas y su luz se alberga ahí adentro como para traernos la primavera de regreso al cemento. Merci beaucoup. Durante años he pensado en su piel, lo tibia que iba a ser y era tibia. Me doy media vuelta justo cuando la primera gota cae sobre su pequeña oreja derecha, sigue hacia Rue D’Hauteville.
       
      El abrigo tiene algunas gotas encima. Aún puedo llegar a Louvre. La moleskine sigue en mi maleta, seguirá ahí unos años más.